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Congregctión Unitario Universalista
Celebración de una Boda
Nos reunimos hoy, no para señalar el inicio de una relación, sino para reconocer la unión
amorosa que ya está presente. Esta Santa Unión es una expresión entre las muchas variedades del
amor. El amor es uno, aunque las expresiones de ese único amor son infinitas. Vivimos en un mundo de dicha y temor, buscamos el sentido de las cosas y la fortaleza en nosotros, en medio de un
desorden aparente. Descubrimos la más verídica respuesta a nuestra búsqueda cuando nos percatamos
del amor en todas sus magnitudes. El amor es la fuerza eterna de la vida. El amor es la fuerza que nos permite enfrentarnos con
valor al miedo y a la incertidumbre. La Santa Unión es un estado honorable y sacratísimo concedido por Dios a ___nombre___ y ___nombre___
para su felicidad mutua. Dios otorgó a la humanidad la bendición del compañerismo justo después de
otorgarnos la vida misma. Y Jesús, en su ministerio de amor sin condiciones, impartió las bendiciones divinas de la
integridad y la realización plena a toda la gente, sin importar su situación ante la Ley, o su condición
de nacimiento, o las circunstancias de su crianza, según la cultura dominante en su época. Seamos concientes de que esta solemnización de la Santa Unión no es para entrar en ella sin reflexionarlo bien, ni
para tomarla a la ligera, sino de manera reverente, deliberada, honesta y sin reservas; de acuerdo a los propósitos para
los que Dios la destinó, y con la seriedad de buscar la bendición de Dios, y de responder a las demandas del
pueblo de Dios.
Es, sin embargo, profundamente significativo que nos reunamos para afirmar que Julián y José Pedro expresan claramente y reconocen las dimensiones más profundas y espirituales del compromiso que existe entre ellos. La mayoría de nosotros los conocemos hace tiempo como pareja. Al pedirnos que demos testimonio y afirmemos su pareja en este servicio, José Pedro y Julián dicen: ¡Sí! Desde luego que somos compañeros de vida; ¡Sí! Pública, oficial y fervientemente declaramos nuestra unión. Que tal unión los confirme y sostenga a lo largo de sus vidas; y que les traiga gran regocijo.
Julián y José Pedro, permítanme decirles que me siento honrado de que me hayan pedido oficiar este servicio para ustedes. Sé que se aman profundamente y que su compromiso es lo suficientemente fuerte para hacer frente a los muchos desafíos de la vida. Sé que los dos aman la risa y tienen gran capacidad para divertirse. Sé que son personas maduras que cuentan con el espíritu independiente capaz de construir relaciones sólidas.
Me recuerdan un poema de Marge Piercy, que inicia así:
Sé que han estado juntos lo suficiente y han atravesado suficientes desafíos para saber lo que significa amar con las manos totalmente abiertas, dejándose el espacio suficiente para ser las personas que cada uno necesita ser. Es difícil amar de esta manera; no aferrarse, apretar o controlar, sino más bien tratarse mutuamente con fluidez, flexiblemente. Aplaudo su compromiso de amarse así.
Marge Piercy concluye así su poema:
Al entrar en la nueva etapa de su relación que marca esta ceremonia, mi mejor consejo es que presten atención a estas imágenes de manos completamente abiertas, vínculo desatado, y tener pero no retener. Ámense uno al otro profundamente, pero siempre con un sentido de libertad.
Homilía
«Aprender a amar de manera diferente es difícil, a amar con las manos abiertas, a amar con las puertas girando sobre sus goznes, con el clóset abierto, con el viento que ruge y gime en las habitaciones haciendo que las colchas susurren y chasqueen las persianas que golpean como bandas de hule sobre una palma abierta».
«el ritmo de nuestro vínculo desatado, de tener y no retener, de amar con mínima malicia, ansia e ira, momento a momento equilibrado».